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"Antes de estas clases solía gritarles a mis hijos y pegarle a mi hija a menudo. Ahora no siempre lo puedo controlar, pero me alejo de la situación."

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“Las clases para padres cambiaron la manera como me relaciono con mi hijo. De hecho cambiaron la forma en que me relaciono con todos. Cambiaron todo. Empecé a ver el mundo de manera totalmente distinta de como lo veía antes. La forma antigua, el “paradigma dominante”, nunca me sirvió, pero era la única forma de interacción con otros seres humanos que conocía. En el fondo era una persona frustrada porque encaraba la vida en un estado de “necesidades no satisfechas” y con una “estrategia” que no era compatible con mi ser interior. Después de la primera clase sentí como si el cascarón de mi realidad se hubiera partido para dar lugar a una nueva realidad que empezó a crecer desde entonces. La vida sigue estando repleta con los mismos problemas y desafíos (sigo siendo tan imperfecto como cuando entré por la puerta), pero gracias a lo que aprendí tengo la oportunidad de ser el padre que siempre quise tener.”

“Aprendí a escuchar más a mi hija de cinco años, a prestar atención a sus necesidades y deseos y a dejar de hacer cosas que no son importantes y concentrarme más en sus sentimientos.”

“Me doy cuenta qué tipo de persona era y cómo estaba viviendo en un mundo negativo. Ahora aprendí a hablarle a mis hijos de forma positiva y tanto ellos como yo somos mucho más felices. Nos llevamos mucho mejor y los entiendo muchísimo más. Espero continuar con esta vida positiva.”

“Aprendí, en un plano más profundo que lo que me dejó la terapia, cómo mi infancia afecta la forma de criar a mis hijos y que el paradigma dominante ya no me sirve como madre. Ahora me detengo, soy menos reactiva frente a los arrebatos de mis hijos. No me tomo su conducta como algo personal. Los observo en lugar de juzgarlos.”

“Se trata de mi hija, pero para que ella pueda crecer tengo que crecer yo primero.” 

“Aprendí que para relacionarme emocionalmente con mi hijo tengo que conectarme conmigo misma primero. Cuando tengo ese vínculo interno, me puedo concentrar en lo que mi hijo está sintiendo y no en cómo se está portando. Este es un cambio muy profundo para mi ya que siempre se me enseñó a comportarme de cierta manera. Ahora, cuando mi hijo pequeño tiene lo que comúnmente se llama un “berrinche”, lo interpreto como una oleada emocional. Pienso en qué puedo hacer para ayudarle, en ser su entrenador emocional, en lugar de cómo lograr que pare.”

“Estoy aprendiendo a ser más paciente. Esta clase ha sido toda una revelación para mi acerca de como fuimos criados mi esposo y yo. Gracias por esta clase.”

“Tenía muy poca paciencia con mi hijo de cuatro años. Él me hacía estallar y yo siempe reaccionaba porque me sentía atacada personalmente. Me alteraba y él se alteraba aun más. Veo una gran mejora en mi y una mejor relación con mi hijo. Me esfuerzo por tener más paciencia, empatía y comprensión. Esas son exactamente las características que espero que él tenga cuando sea un adulto.”

“Las clases para padres me ayudaron a cambiar mi perspectiva – ver las necesidades de mi hijo desde otro punto de vista. Con esta filosofía encontré cómo estar con él de una manera que representa lo ideal. Ver realmente sus necesidades y satisfacerlas. También encontrar formas de estar centrada para no reaccionar partiendo de mis propios problemas. El permanecer centrada en mi corazón puede ser muy difícil pero es una manera hermosa de estar en cualquier tipo de relación.”

“La filosofía de la crianza sin violencia me ayuda a atesorar y disfrutar plenamente de la tarea de criar a un hijo y verla como más importante que cualquier cosa que jamás hubiera hecho en una “carrera” de 30 años.”

“Aprendí que debajo de la superficie de los arranques agresivos de mi hijo de dos años se encuentran necesidades no satisfechas. Éstas requieren mi observación y afecto para descubrirlas en lugar de un enfoque disciplinario y agresivo que solamente logra que mi hijo se distancie más y su frustración aumente.”

“Como madre, la filosofía de la crianza sin violencia creó un estilo de vida para mi hija y para mi que vivimos día a día y a menudo tenemos que defender. Como maestra estoy dando pasos para incorporar la forma de proceder sin violencia en las escuelas públicas.”

“Las clases me ayudaron a mejorar la relación con mi hijastra de 16 años. Entiendo mejor la importancia de la empatía. Esto me ha ayudado a comprender que cuando ella me ignora muchas veces se debe a sus propias angustias – ya sea por algo que pasó en la escuela o por problemas con sus amigas. Me he vuelto menos reactiva y enojada y puedo brindarle más apoyo, afecto y paciencia.”

“Me ayuda a tener un punto de referencia para relacionarme con mis hijos de manera más tranquila y amable. Si bien esto puede ser difícil en las actividades diarias con los retos que se presentan, por lo menos cuento con algunas herramientas e ideas que me ayudan a mejorar. Siento claramente que el haber asistido a estas clases ha creado una diferencia enorme en cuanto a mi capacidad de ser el tipo de padre que quisiera ser. La filosofía del Centro valida mis ideas más sinceras y verdaderas de cómo se debe tratar a los niños y me ha proporcionado formas de poner en práctica estas ideas.”

“Me enseñó a respetar los sentimientos y las necesidades de mi hijo. Aprendí a sentir empatía hacia las necesidades de mi hijo. He sido más paciente con mi hijo.”

“En primer lugar quisiera agradecerles por haberme permitido formar parte de una experiencia que cambia tanto la vida. Siento que mi vida ha cambiado profundamente. Cambió todas mis relaciones para bien – con mis padres, hermano, abuela y amigos. Me enseñó a no estar envuelta en una lucha por el poder con el mundo y en todas mis relaciones, sino a entender la necesidad subyacente de que las personas quieren ser amadas. Esta clase es tan necesaria. Les enseñamos a nuestros hijos matemáticas, ciencias e historia pero no lo más importante en la vida, es decir, formar vínculos en nuestras relaciones. Siento que esta clase me ahorró muchos años de conflicto y dolor innecesarios.”

 
     
 

El Centro de Educación para la Crianza de Niños Sin Violencia - P.O. Box 26938 Los Angeles, CA 90026 - 213.484.6676 -